Cuando sonreís por inersia; cuando tres litros de agua no sacian tu sed; cuando el dolor de cabeza se hace habitual y se crispa la piel del miedo a no sabés qué; cuando entendés a la perfección las razones de anoréxicos, bulímicos, drogadictos, suicidas y alcoholicos; cuando el hambre desaparece y desilucionaste a una de las personas más preciadas de tu vida; cuando ponés los ojos en blanco todo el tiempo y, en el momento que no te ven, dejas de forzar esa risa exagerada; cuando la alegría de la sonrisa no llega a los ojos; cuando el alcohol sólo consigue que estés alegre y no que seas alegre; cuando las pocas ganas de dibujar las letras superan a las muchas ganas de escribir y se te cansa la vista al leer; cuando no te importa pasar frío o calor; cuando salís sólo para distraerte y no lo conseguís; cuando estar sola en tu casa ya no es un alivio; cuando la voz de los demás se convierte en un zumbido molesto; cuando ves errores en lo que era perfecto; cuando las canciones que te encantaban se tornan denzas y demasiado largas... En el momento que sos conciente que te pasa todo esto, es cuando todo se torna peor.

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